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¿EL INSOMNIO PUEDE AFECTAR A MI CALIDAD DE VIDA?

El sueño es esencial en nuestras vidas y no sólo por la cantidad de tiempo que dedicamos a dormir (un tercio de nuestra vida) sino también por los beneficios que atribuimos a una noche de descanso y el efecto que el sueño tiene en nuestra salud física y psicológica (Miró, Lozano y Casal, 2005).

Con la edad, la estructura y el tiempo del sueño varían. Un recién nacido duerme

aproximadamente 18 horas, un adulto joven de 7,5 a 8 horas y una persona mayor alrededor de 6,5 horas (Sarrais y de Castro Manglano, 2007).

Una buena calidad de vida es, en parte, debida a tener unos buenos patrones de sueño como: tener habilidad para quedarse dormido y permanecer dormido un periodo ininterrumpido de tiempo (Miró, Lozano y Casal, 2005).

Ahora bien, ¿qué sucede si tengo problemas para conciliar el sueño o para mantenerlo? ¿Y si duermo en un momento distinto al nocturno? ¿Y si me es muy difícil conseguir una duración y calidad de sueño adecuada para restaurar mi energía? Se denomina insomnio y puede terminar produciendo a largo plazo problemas de salud, por lo que es necesario intervenir con urgencia (Sarrais y de Castro Manglano, 2007).

El insomnio es muy frecuente, alrededor de un 15% de la población adulta padece de insomnio crónico y un 35% ha sufrido insomnio ocasional en situaciones estresantes. (Sarrais y de Castro Manglano, 2007).    

¿Padece de fatiga, irritabilidad, inestabilidad emocional, problemas de memoria, sensación de que ha disminuido su rendimiento cotidiano, dificultad en prestar atención o para concentrarse? ¿Tu rendimiento académico ha disminuido? ¿Han aumentado los problemas con la familia y/o amigos? ¿Ha notado una disminución de su rendimiento laboral? (Morales, 2009). Todo lo anterior son algunas de las consecuencias que pueden producirse si padece de insomnio. Además, hay un mayor riesgo de sufrir accidentes de automóvil y una mayor propensión a padecer enfermedades médicas (Sarrais y de Castro Manglano, 2007).

La aplicación de estrategias psicológicas preventivas y de intervención reducen las alteraciones del sueño, mejoran las relaciones interpersonales con la familia y amigos, aumentan el rendimiento laboral y académico, reducen la fatiga e irritabilidad, mejoran los problemas de concentración, etc. En definitiva, aumenta su calidad y estilo de vida (Sarrais y de Castro Manglano, 2007).

La asistencia psicológica le ayuda a regular los aspectos necesarios para que tenga una buena higiene del sueño, que según Miró, Lozano y Casal (2005) algunos de ellos son:

  • Despertarse y acostarse todos los días a la misma hora.
  • No pase más tiempo en la cama que el necesario para dormir.
  • Suprime la ingesta de sustancias estimuladoras (como la cafeína, nicotina, teína, cocaína, etc.).
  • Evite largas siestas durante el día.
  • Realice ejercicio físico, evitando las últimas horas del día por su efecto excitante.
  • Tome baños de agua a temperatura corporal por su efecto relajante.
  • Coma a horas regulares y evite comidas copiosas cerca de la hora de acostarse.
  • Practique ejercicios de relajación antes de acostarse.
  • Mantenga condiciones ambientales adecuadas para dormir (temperatura, ruidos, luz, dureza de la cama, etc.).

REFERENCIAS

Miró, E., Lozano, M. D. C. C., y Casal, G. B. (2005). Sueño y calidad de vida. Revista colombiana de psicología.

Morales Soto, N. R. (2009). El sueño, trastornos y consecuencias. Acta Médica Peruana.

Sarrais, F., y de Castro Manglano, P. (2007). El insomnio. Anales del sistema sanitario de Navarra. Gobierno de Navarra. Departamento de Salud.

Imágenes recuperadas de https://pixabay.com/es/

Autora: CELIA LÓPEZ MUÑOZ