Contexto del psicólogo en los últimos años – 1940 hasta la actualidad

Aunque el desarrollo de la psicología viene desde siglos atrás, podemos decir que las Guerras Mundiales fueron un punto de inflexión en su progreso.

La Primera Guerra Mundial (1914) propició el desarrollo de pruebas de evaluación, como baterías y test para medir diferencias individuales con el objetivo de escoger “a los mejores”, siendo los psicólogos los encargados de hacer esta tarea, además de propiciar el desarrollo de la psicología de la personalidad y la psicología diferencial.

Durante la Segunda Guerra Mundial (1939) se dieron las circunstancias adecuadas para producirse el segundo gran empujón a la psicología. Se siguió trabajando en el área de evaluación y en las ramas aplicadas, pero sobre todo en el diagnóstico y tratamiento. Entre las enormes consecuencias de la guerra se encontraban las necesidades psicológicas de los más de 40.000 veteranos de guerra que mayoritariamente llegaban con problemas de estrés postraumático. Por aquel entonces no existían tantos profesionales para abordar a ese elevado número de pacientes, por lo que se definió a la Psicología Clínica como una profesión encargada del diagnóstico, tratamiento e investigación y no solo en la evaluación, propiciando que se reconociera el ejercicio de estos profesionales dentro del área sanitaria.

Este proceso terminó con la creación de los primeros programas de doctorado en la formación de psicología. En 1946, se le otorga al papel del psicólogo la posibilidad del diagnóstico y tratamiento para lo cual se debía tener el grado de Doctor.

Por otra parte en España, tras la Guerra Civil (1939), se llevó a cabo una serie de reformas en el plan de estudio que dio lugar a varios cambios en la psicología dentro de las universidades, dando como resultado la implantación de títulos como “psicólogo investigador” en la Universidad de Madrid en 1953. En el 1968, se inicia la enseñanza de psicología en las Facultades de Filosofía y Letras tanto en Madrid como Barcelona y ya a comienzos de los 70, el título en psicología fue incorporándose en una sección independiente hasta llegar a formar la primera Facultad de Psicología en el 1978 en la capital.

El primer Colegio Oficial de Psicólogos se forma el 1 de Mayo de 1980 en Madrid, creando las comisiones que delimitaban el área de trabajo de los psicólogos: psicología de la escuela, de los hospitales, de pareja… Alrededor del 30% de los psicólogos colegiados trabajan en el ámbito de la clínica y salud.

En 1989, se publica la “Revista de Psicología de la Salud”, al mando de Jesús Rodríguez Marín junto con un amplio grupo de psicólogos, dando lugar a la primera delimitación de psicología de la salud en España. Cuatro años más tarde, se implantará en España el Sistema de Formación de Psicólogo Interno Residente. De esta forma, se delimitan tres perfiles de psicólogo que no serán reconocidos hasta el año 2009 en el BOE: el recién licenciado, el psicólogo de la salud, y el especialista en psicología clínica. Todos, incluso el recién licenciado, podía ejercer en la profesión sin ninguna limitación.

Debido al enredo de términos, el Colegio Oficial de Psicólogos elabora el documento titulado “El perfil del psicólogo clínico y de la salud”, donde se abordan las definiciones y delimitación del campo y de la formación y acreditación profesional de la siguiente manera:

“definimos el Psicólogo Clínico y de la Salud como el psicólogo que aplica el conocimiento y las habilidades, las técnicas y los instrumentos proporcionados por la Psicología y ciencias afines a las anomalías, los trastornos y a cualquier otro comportamiento humano relevante para la salud y la enfermedad, con la finalidad de evaluar, diagnosticar, explicar, tratar, modificar o prevenir éstos en los distintos contextos en que los mismos puedan manifestarse.”

En 2003 se producen dos grandes cambios. El primero de ellos es la eliminación de las licenciaturas y su intercambio por los grados. En segundo lugar, aparece la Ley de Ordenación de las Profesiones Sanitarias, donde queda excluida la psicología no especializada, dando lugar a una enorme cantidad de problemas para los profesionales que estaban ejerciendo y que ya tenían años de profesionalidad a sus espaldas pero que no eran oficialmente especialistas en psicología clínica.

Tras largas manifestaciones por parte de las universidades españolas y el COP, aparece en 2011 una nueva ley en el BOE por el que se acepta legalmente la figura del psicólogo general sanitario. Este profesional es el resultado de haber cursado el grado en psicología y haber realizado el máster en Psicología General Sanitaria, de esta forma, se obtiene la formación suficiente en materia sanitaria para ser considerado como tal. El psicólogo clínico queda inmutable al seguir obteniéndose esta especialidad mediante la vía PIR en el Sistema Nacional de Salud.

En ningún caso se trata de una jerarquía como graduado à general sanitario à especialista, sino que se puede acceder a cualquiera de las dos formaciones de manera independiente. La cuestión ahora sería abordar las competencias de cada profesional sanitario, ya que tras la aparición de la figura del General Sanitario, no quedaba muy claro cuáles serían sus competencias y en qué se diferenciaba del clínico.

Actualmente el graduado en psicología no está habilitado para el ejercicio de corte sanitario ya que durante los estudios no se cursan el número de créditos suficientes para ser considerado como tal, aunque si puede trabajar en otras áreas o haciendo otros trabajos como evaluación, creación de programas, etc.

El psicólogo general sanitario sería el antiguo licenciado o graduado + MPGS, que trabajaría como profesional sanitario en el ámbito privado realizando “labores de investigación, evaluación e intervención psicológica sobre aquellos aspectos del comportamiento y la actividad de las personas que influyen en la promoción y mejora de su estado general de salud”.

El psicólogo especialista en psicología clínica, que trabajaría en el Sistema Nacional de Salud y en el ámbito privado, se encargaría de funciones de “evaluación, diagnóstico, tratamiento y rehabilitación de los trastornos mentales, emocionales y comportamentales”.

Esta situación de división de la psicología sanitaria no es comparable al resto de países europeos, ya que no surgió en ellos la Ley de Ordenación de las Profesiones Sanitarias, por lo que la figura del psicólogo clínico o sanitario se concentra en un mismo profesional.

A finales de 2019 surge un nuevo desafío para la psicología. La aparición y propagación del COVID-19 pone en un aprieto al Sistema Sanitario del país, que a duras penas puede atender a las elevadas cifras de contagios. Las consecuencias a corto plazo son devastadoras, pero se extenderán hasta medio y largo plazo, sobre todo, las psicológicas.

Tras la puesta en cuarentena de la mayoría de países del mundo, la población se ve obligada a cambiar sus hábitos de vida durante meses. El periodo de encierro trae consigo una gran cantidad de problemas, entre ellos:

  • Ansiedad: sobre todo en relación a síntomas mal interpretados que indicarían un posible contagio, ansiedad debido al encierro, preocupación, etc.
  • Síntomas depresivos: imposibilidad de despedir a los fallecidos, aumento de la sensación de soledad…
  • Problemas de estrés: sobre todo en el personal sanitario, que incluso presentarán estrés postraumático. También debido a la avalancha de información de los medios de comunicación, entre otros.
  • Problemas de adicción: tanto a sustancias (síndrome de abstinencia, nuevas adicciones…) como a los videojuegos en los más jóvenes.
  • Trastorno obsesivo compulsivo: obsesiones de contaminación que se pretenden disminuir con las llamadas compulsiones de limpieza.
  • Síndrome de la cabaña: miedo a salir de casa, a la vuelta a la normalidad, etc.
  • Otros problemas cognitivos como falta de atención y concentración, problemas de sueño…

Los psicólogos tanto sanitarios como especialistas se encuentran ahora a la espera de una ola de casos. En el SNS, la escasez de especialistas y de tiempo no es suficiente para amortiguar los efectos psicológicos de la pandemia, que ha dejado hasta al 80% del personal sanitario con dificultades psicológicas.

Es por esto que actualmente se encuentra en movimiento una propuesta por parte de veintiún asociaciones, entre ellas el COP, para el aumento de plazas de especialistas, así como la inserción de psicólogos sanitarios en el sistema de salud pública en aquellos casos en los que sea insuficiente el servicio por falta de profesionales. De esta manera, se recalca la importancia del papel de los psicólogos sanitarios, además de poner de manifiesto la urgencia de nuevas especialidades en el SNS y la necesidad de invertir en un mayor número de profesionales en este sistema. También se espera hacer accesible la presencia del psicólogo en Atención Primaria, dotar de mayor reconocimiento a la psicología como profesión sanitaria y la necesidad de programas de prevención, entre otras muchas propuestas.

De esta manera, la figura del psicólogo aún está lejos de ser fija. Tras todos los cambios que estamos experimentando, se espera una gran variación próximamente de las competencias y el papel de los psicólogos en nuestro país, o al menos, esto es lo que están pidiendo las asociaciones y expertos de la psicología. Al igual que situaciones tan excepcionales como las Guerras Mundiales trajeron como consecuencia cambios muy significativos para la profesión, se espera que la pandemia sirva al menos para reforzar el sistema y favorecer acceso a la salud psicológica para toda la población.

Referencias:

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Echeburúa, E., Salaberría, K., Corral, P. D., y Cruz-Sáez, S. (2012). FUNCIONES Y ÁMBITOS DE ACTUACIÓN DEL PSICÓLOGO CLÍNICO Y DEL PSICÓLOGO GENERAL SANITARIO: UNA PRIMERA REFLEXIÓN. Behavioral Psychology/Psicología Conductual20(2).

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Autor: Juan Andrés Bravo Rentero