El SUICIDIO: Un problema de salud pública.

El suicidio afecta a las personas de todas las edades, culturas y grupos poblacionales. Los pensamientos y conductas suicidas pueden ser definidas como un proceso complejo que puede variar desde la ideación suicida, planificación suicida, intento de suicidio y finalmente en suicidio.

            El comportamiento de suicidio es una urgencia vital que no sólo afecta a la pérdida de la salud de la persona, sino también de debilitamiento de sus redes afectivas y sociales. Se ve afectada la toma de decisiones en tres niveles básicos: a) a nivel emocional, un sufrimiento intenso; b) a nivel conductual, una carencia de recursos psicológicos para hacerle frente; y c) a nivel cognitivo, una desesperanza profunda ante el futuro, acompañada de la percepción de la muerte como única salida. Por ello, el suicidio no es un problema moral. Es decir, los que intentan suicidarse no son cobardes ni valientes, sólo son personas que sufren, que están desbordadas por el sufrimiento y que no tienen la más mínima esperanza en el futuro.

Es un problema de salud pública, según la Organización Mundial de la Salud (OMS) son alrededor de 800.000 personas las que se suicidan cada año en todo el mundo, esto es una muerte cada 40 segundos. Del total de estos, el 75% se produce en países de ingresos bajos y medianos. La mortalidad por suicidio es superior a la mortalidad total causada por la guerra y los homicidios. Los plaguicidas, el ahorcamiento, los medicamentos y las armas de fuegos son los métodos más habituales empleados en el mundo.  Con respecto a la edad, las tasas de suicidio son más elevadas entre las personas de 70 años o más, tanto en hombres como en mujeres en casi todas las regiones del mundo. En algunos países las tasas de suicidio son más elevadas entre jóvenes, y a nivel mundial el suicidio es la segunda causa principal de muerte en el grupo de 15 a 29 años de edad.

            En 2017 en España, se registraron 3.679 muertes por suicidio de las cuales un 74% correspondía a los hombres y un 26% a la mujer. Esto supone una media de 10 suicidios al día.

            La Organización Mundial de la Salud (OMS) plantea un programa a nivel nacional para la reducción y prevención del suicidio. Pero son sólo 28 países los que lo han adoptado. España, a pesar de ser un país gravemente afectado por el suicidio, no presenta un plan nacional para la reducción y prevención del suicidio. Es a finales de 2019, cuando se ha comenzado a abordar proponiéndose la “Estrategia de Salud Mental 2019-2024”.

            Muchas personas que llevan a cabo una conducta suicida no quieren morirse (de hecho, son muchas más las tentativas suicidas que los suicidios consumados), lo único que quieren es dejar de sufrir. Estudios muestran que tras el suicidio de una persona cercana se produce un impacto psicológico elevado, un alto riesgo de duelo patológico y un incremento del riesgo de suicidio. Se estima que cada suicidio afecta directamente de seis a catorce miembros de la familia y amigos.

            La conducta suicida nunca ha tenido una única causa y siempre se desarrolla debido a interacciones entre la presencia de factores de riesgo y la ausencia o escasez de factores protectores.

            Los factores de riesgo hacen referencia a las características que incrementan la probabilidad de que una persona considere un intento, o realice suicidio. No son estáticos a lo largo de la vida y pueden ser diferentes de un país a otro. Algunos son: trastornos mentales (como trastorno depresivo, trastorno por abuso de sustancias), enfermedad médica (como una condición médica que cause un dolor crónico), tempranas experiencias vitales negativas (como la pérdida de los progenitores a una edad temprana, abuso), rasgos de personalidad (como la desesperanza, impulsividad), dificultades para obtener acceso a la atención de la salud, y conducta suicida previa.

            Los factores protectores se refieren a las características o circunstancias que disminuyen la probabilidad de que un individuo considere un intento, o realice un suicidio. Algunos son: una autoimagen positiva, una buena capacidad para la resolución de problemas, conductas adecuadas para la búsqueda de ayuda y apoyo social.

A continuación, se presentan algunas consideraciones a tener en cuenta, ya que existen muchos mitos extendidos alrededor del mundo acerca del suicidio.

            El suicidio SI se puede prevenir. Uno de los mitos más comunes sobre la conducta suicida es que no puede ser prevenida. Sin embargo, la mayoría de las personas que se suicidan han tenido sentimientos contradictorios sobre la muerte hasta el último momento, y están divididos entre el querer vivir y el querer acabar con su dolor. Para prevenirlo existen unas medidas preventivas eficaces, la clave es adoptar un enfoque multisectorial integral, ya que no solo es un problema importante de salud pública, sino también para otros sectores como el de la educación. Es necesario una información responsable en los medios de comunicación, introducción de políticas sobre el alcohol, identificación y tratamiento tempranos, fortalecer los factores protectores, formación del personal sanitario y seguimiento y apoyo de la sociedad.

            El suicidio NO es una reacción normal a una situación anormal, como pueden ser los estresores vitales. Es una reacción inusual e inadecuada a una situación normal. En la vida, todos tenemos que enfrentarnos con situaciones estresantes o eventos vitales negativos, que a menudo ocurren, pero solamente unos pocos desarrollan pensamientos y planes suicidas. Cuando estos sucesos te afecten en tu vida cotidiana, debes acudir a un profesional especializado como psicólogos, psiquiatras, profesionales sanitarios y/o profesionales de la Salud Mental.

            Hablar sobre el suicidio con alguien NO incrementa el riesgo de una conducta suicida. Hablar cara a cara con esa persona sobre los pensamientos y planes suicidas no incrementa la intención suicida o la desesperanza. Por el contrario, hablar sobre el suicidio en un marco personal puede ser un método preventivo eficaz y fomenta la búsqueda de ayuda. La mayoría de las personas que intentan suicidarse o se suicidan han comunicados sus pensamientos suicidas previamente o a través de una llamada de atención. Por lo tanto, es de gran importancia tener en cuenta seriamente cualquier comunicación de una persona sobre sus pensamientos de suicidio y promover la rápida búsqueda de ayuda profesional. Sin embargo, hay que tener precaución cuando se habla sobre el suicidio en público, por ejemplo, en los medios de comunicación. En este marco, se recomienda seguir las “Directrices de actuación para la prevención de suicidio por profesionales de los medios de comunicación”.

            Si necesitas ayuda acude a un especialista como psicólogos, psiquiatras, profesionales sanitarios y/o profesionales de la Salud Mental. Hay un teléfono gratuito en España, a cargo de una ONG de voluntariado y acción social, llamado “Teléfono de la Esperanza”: 717 00 37 17 (disponible 24 horas al día, 7 días de la semana). Sitio web: telefonodelaesperanza.org

REFERENCIAS:

            Blanco, C. (2020). El suicidio en España. Revista de Ciencias Sociales33(46), 79-106.

            Bobes, J., Giner, J. y Saiz, J. (Eds.) (2011). Suicidio y psiquiatría. Recomendaciones preventivas y de manejo del comportamiento suicida. Madrid: Triacastela.

            Dumon, E., y Portzky, G. (2014). Directrices de actuación para la Prevención, Intervención y Postvención del suicidio en el entorno escolar. Europa Bélgica.

            Echeburúa, E. (2015). Las múltiples caras del suicidio en la clínica psicológica. Terapia psicológica33(2), 117-126.

            Hawton, K., y van Heeringen, K. (2009). Suicide. Lancet, 373, 1372-1381

            Instituto  Nacional  de  Estadística  (2017). Defunciones  según  causa  de  muerte [en     línea].     Disponible     en:     <https://www.ine.es/dyngs/INEbase/es/operacion.htm?c=Estadistica_C&cid=1254736176780&menu=resultados&idp=1254735573175>

            Organización Mundial de la Salud (2014). Prevención del suicidio. Un imperativo global. Ginebra

            Spirito, A. y Donaldson, D. (1998). Suicide and suicide attempts during adolescence. En A.S.

            Imágenes recuperadas de https://pixabay.com/es/

AUTORA: CELIA LÓPEZ MUÑOZ