EL DUELO TRAS UNA PÉRDIDA

La muerte de un ser querido es una experiencia amarga. El duelo es el conjunto de reacciones de tipo físico, emocional y social que se producen por el fallecimiento de una persona próxima y que pueden ir desde un sentimiento transitorio de tristeza hasta una sensación de desgarro y de desolación completa, que, en los casos más graves, puede durar años e incluso toda la vida.

            El proceso de duelo supone una reacción adaptativa ante la muerte de un ser querido, que obliga al sujeto afectado a rehacer su vida desde una perspectiva diferente. En realidad, el duelo es el proceso de asimilar una pérdida.

            Cada ser humano reacciona de manera diferente ante una pérdida, sin que exista una guía fija de cómo una persona tiene que manifestar y afrontar su dolor. Es más, además de las diferencias entre personas, hay variaciones en una misma persona en las distintas pérdidas experimentadas. Al ser cada persona fallecida única e irrepetible, así como las relaciones interpersonales que se establecen con ellas, nunca se vivenciará de la misma forma la muerte de dos allegados. Por lo tanto, cada proceso de duelo será, en cierto modo, siempre diferente.

A pesar de que el proceso de duelo depende de cada persona y circunstancia, existen unos tipos de pérdidas concretas que producen un proceso de duelo más complejo o traumático. La muerte de un hijo se considera como uno de los dolores más profundos y difíciles de resolver en el tiempo, debido a las fuertes reacciones emocionales que dicho suceso provoca en los progenitores. También, la pérdida de forma súbita e inesperada, la pérdida de un ser querido sin tener oportunidad de acompañarlo o despedirlo, seres queridos que han sido víctimas de homicidio, suicidio o accidentes implican un tipo de duelo más complejo.

            Estar transitoriamente triste (una situación emocional normal) no significa estar deprimido. Es decir, en la mayor parte de los casos, la superación del duelo no requiere un tratamiento psicológico. Los recursos psicológicos de la persona, el paso del tiempo, el apoyo familiar y social y la reanudación de la vida cotidiana suelen ser suficientes para asimilar la pérdida y readaptarse a las nuevas circunstancias.

            Sentirse triste y ansioso es común tras la muerte de un ser querido, junto con el temor a afrontar la soledad. A veces puedes sentir culpa por no haber realizado todo lo posible para evitar el fallecimiento, por no haber hecho al difunto lo suficientemente feliz en vida o incluso por experimentar una sensación de alivio tras la muerte (especialmente, después de una enfermedad prolongada que ha requerido de una asistencia constante). También puedes disminuir el interés por el mundo exterior, sobre todo en lo que recuerda a la persona fallecida. Lo normal y esperable es que estos síntomas o emociones negativas vayan disminuyendo en un plazo de 6 meses a un año.

¿CÓMO PUEDO SABER SI MI DUELO O EL DE UNA PERSONA CERCANA SE CONVIERTE EN UN PROBLEMA?

            El duelo se convierte en un problema cuando te aíslas de la gente de tu alrededor, dejas de lado los cuidados personales, sientes que tu cuerpo pesa y te mueves más despacio,  puedes consumir de forma abusiva  alcohol o medicamentos, tienes problemas para dormir, falta o aumento de apetito, fatiga, dolores musculares, estreñimiento, cefaleas, desesperanza, experimentas autorreproches (por ejemplo, por creer no haber hecho lo suficiente por el difunto), te sientes ansioso, pensamientos en la muerte, te sientes más irritable que lo normal contra terceras personas. Todos esos síntomas son característicos de una depresión.

¿CUÁNDO ES NECESARIO PEDIR AYUDA?

            Hay personas que han sufrido una pérdida y que, sin embargo, no necesitan ayuda de un psicólogo o de fármacos. Por el contrario, otras personas se encuentran atrapadas por la pérdida sufrida, no recuperan sus patrones normales de sueño y de apetito. Viven atormentadas con un sufrimiento constante, tienen dificultades para controlar sus emociones y sus pensamientos, se aíslan socialmente y se muestran incapaces de hacer frente a la vida cotidiana. Son estas personas las que, al sentirse desbordadas por el dolor, requieren una ayuda específica psicológica.

            El objetivo de la intervención psicológica no es que olvides al ser querido que ha fallecido, sino se trata de que lo recuerdes sin que este recuerdo interfiera en tus objetivos de vida. Más en concreto, te va a ayudar a reducir la tristeza y la ansiedad, aumentar la autoestima y disminuir el aislamiento social, para que mejores tu calidad de vida.

            Finalmente, el duelo acaba cuando eres capaz de pensar tu ser querido sin sentirte abrumado, cuando recuperas el sentido de tu vida y cuando te sientes esperanzado y capaz de disfrutar de nuevo de las pequeñas cosas de la vida y de las relaciones con otras personas, con el trabajo o tus actividades de ocio.

REFERENCIAS

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AUTORA: Celia López Muñoz