Aprende a identificar y manejar el ESTRÉS para ser FELIZ

En la sociedad actual, el estrés se hace más evidente que nunca. No es que no haya existido antes, pero aún con todas las comodidades del presente, la vida parece ser cada vez más difícil. Es habitual escuchar frases como “tengo estrés” o “estoy estresado”. El cuidado de los hijos o de nuestros mayores, los problemas de salud, el trabajo fuera y dentro del hogar o la falta cada vez más frecuente de éste con los problemas económicos asociados, son algunos de los factores a los que nos referimos cuando decimos que tenemos estrés.

¿QUÉ ES Y CÓMO FUNCIONA EL ESTRÉS?

            El estrés es una reacción psicológica y física normal a situaciones positivas o negativas en la vida, tales como un trabajo nuevo o la muerte de un ser querido. El estrés en sí no es anormal ni malo. Lo que importa es cómo sobrellevas el estrés.

            Existen dos tipos de estrés. El primero se denomina “eutrés” y es considerado como el estrés bueno. Es necesario para el crecimiento y la supervivencia, ya que nos permite que enfrentemos los retos y nos incentiva para tratar de obtener buenos resultados y adaptarnos a los cambios. El segundo es el “distrés” y se considera como el estrés malo debido a que es dañino y acumulable produciendo en el organismo patologías mentales, acelerando el proceso de envejecimiento, etc.

            Las fases de estrés son tres: reacción de alarma, resistencia y agotamiento. Primeo, la etapa de reacción de alarma se da inmediatamente después de percibir el estímulo estresante. En ella se produce una paralización por parte de la persona, se liberan hormonas con el objetivo de que la persona identifique su entorno detalladamente, y en la cara aparecen unas muecas que indican estado de shock. Segundo, en la etapa de resistencia nuestro cuerpo se mantiene activado de forma máxima para poder superar la amenaza o adaptarse a ella (esta fase puede durar semanas, meses y años; si es muy larga se le considera como estrés crónico). Y, por último, la etapa de agotamiento se produce si el estímulo que nos genera estrés es continuo o se repite frecuentemente. Aquí nuestro cuerpo pierda la capacidad y los recursos para adaptarse a la situación estresante, es cuando en la persona aparecen problemas como: insomnio, falta de concentración, patologías metabólicas, infartos, etc.

            Puede aparecer en cada persona de forma totalmente diferente y por motivos también diversos. Pero en todos los casos se produce una reacción de estrés cuando la persona considera que una situación es peligrosa o amenazante (ej: como en una situación de sobrecarga de trabajo) y cree que sus recursos para hacer frente a dicha situación son escasos (ej: “no me dará tiempo a acabarlo”).

            Es entonces cuando la persona pondrá en marcha todas las estrategias disponibles para intentar disminuir las consecuencias negativas de la situación (ej: como trabajar más horas o preguntar posibles soluciones a compañeros o personas allegadas). A partir de aquí, la persona reevaluará la situación y sus recursos (“he avanzado en el trabajo, creo que llegaré a tiempo”), pudiendo concebir la situación como menos amenazante y, por tanto, disminuyendo la sensación de estrés. Pero se puede dar el caso contrario, que, al reevaluar la situación y los recursos, siga viendo la situación como amenazante y se mantenga o aumente el estrés.

            Es más importante la valoración que hacemos uno mismo de la situación estresante que la situación objetiva en sí. Por ello, una misma situación puede ser vivida como estresante por una persona, pero no por otra. Por ejemplo, algunas personas interpretan la sobrecarga de trabajo como un reto y por ello se sienten motivados, mientras que otras personas lo interpretan como una amenaza a su bienestar, haciéndoles sentirse desbordados y dando lugar a la aparición de emociones negativas.

¿QUÉ SINTOMAS INDICAN QUE TENGO ESTRÉS?

            La presencia de la mayoría de los síntomas siguientes indicaría que padeces de estrés. Los más significativos se pueden dividir en tres ámbitos: físico, anímico y de conducta.

            A nivel de estado de ánimo, te sientes ansioso (…), inquieto, desmotivado, abrumado, irritable o enojado, triste continuamente, con culpa.

            A nivel físico, puedes sentir dolor de cabeza, tensión o dolor muscular, dolor en el pecho, fatiga, cambio en el deseo sexual, malestar estomacal, agotamiento físico.

            En tu conducta está presente un consumo en exceso o en defecto de comida, problemas para dormir, arrebatos de ira, consumo de sustancias tóxicas (drogas, alcohol), consumo de tabaco, aislamiento social, reduces la frecuencia con la que realizas práctica de ejercicio, falta de rendimiento y de concentración.

¿PUEDO ENFRENTAR AL ESTRÉS?

            Ante una situación estresante, no tenemos más remedio que hacerle frente, de una u otra forma. A esto se le denomina estrategias de afrontamiento. Estas estrategias pueden ser adaptativas (como cuando hemos perdido a un ser querido y buscamos apoyo emocional en un amigo) o desadaptativas (si en este mismo caso de pérdida recurrimos al consumo del alcohol).

            Otro aspecto muy relacionado con la forma en que nos enfrentamos al estrés son las creencias acerca de nuestra eficacia a la hora de afrontarlo. Es decir, si nos creemos capaces de hacer frente a los problemas seremos más eficaces resolviéndolos, intentando poner en marcha estrategias de afrontamiento concretas y valorando las situaciones como menos amenazantes. Por el contrario, si nos sentimos ineficaces y creemos que no disponemos de los recursos necesarios, quizás evitemos enfrentarnos al problema y, por consiguiente, nos enfrentemos menos efectivamente al estrés. Por ello, el considerarnos eficaces constituye un recurso amortiguador del estrés.

            Un adecuado afrontamiento se puede aprender y, para ello, podemos empezar por darnos cuenta del estrés. Prestar atención a los cambios corporales y a las sensaciones físicas de tensión puede servirnos de señal de alarma para movilizar y organizar recursos de afrontamiento. En ocasiones, nos damos cuenta de que estamos estresados cuando la situación es ya incontrolable, tiene difícil solución y nuestros recursos son insuficientes, pero quizás no lo habrían sido de detectar antes la amenaza.

            Para ello, prestar atención a nuestras señales corporales (qué estoy sintiendo) y situacionales (en qué situación me encuentro) puede sernos de gran ayuda, o incluso permitirnos anticiparnos a la aparición de problema. Por ejemplo, si empezamos a sentir malestar, opresión en el pecho o tensión muscular al aceptar varios encargos de nuestro jefe, quizás no deberíamos aceptar ninguno más hasta haber finalizado alguno de los anteriores. Por obvio que parezca, en muchas ocasiones “vemos venir el estrés” y sencillamente permitimos que la situación se convierta en incontrolable.

¿QUÉ TENGO QUE HACER SI EL ESTRÉS ME HACE SENTIR MAL?

            Pedir ayuda a un profesional especializado como los psicólogos. Puede ser que tus estrategias para hacerle frente no sean la adecuadas, o puedes creer que no tienes los recursos necesarios, o puede que la situación que consideres como amenazante realmente no tenga por qué serlo. Si el estrés en vez de ayudarte a afrontar las situaciones con éxito y utilizarlo en tu beneficio, te incapacita es necesario un cambio.

ALGUNOS HÁBITOS DE VIDA PARA MANTENER LEJOS EL ESTRÉS

            Si tienes síntomas de estrés, tomar medidas para controlar tu estrés puede tener muchos beneficios para la salud. Explora estrategias de manejo del estrés, como las siguientes:

  • Haz actividad física con regularidad.
  • Practica técnicas de relajación como respiración profunda, meditación, yoga, taichi.
  • Mantén el sentido del humor.
  • Pasa tiempo con la familia y los amigos.
  • Reserva tiempo para pasatiempos, como leer un libro o escuchar música.
  • Trata de encontrar maneras activas de controlar el estrés. Las formas inactivas de controlar el estrés, como ver la televisión, navegar por internet o jugar videojuegos, pueden parecer relajantes, pero pueden aumentar el estrés a largo plazo.
  • Y asegúrate de dormir lo suficiente y mantener una alimentación saludable y equilibrada. Evita el uso de tabaco, el exceso de cafeína y alcohol, y el uso de sustancias ilegales.

REFERENCIAS

-Cano-Vindel, A. (2002). La ansiedad. Claves para vencerla. Málaga: Arguval.

-De Camargo, B. (2004). Estrés, Síndrome General de Adaptación o Reacción General de Alarma. Revista medico científica17(2)

-Lazarus, R.S. y Folkman, S. (1986). Estrés y procesos cognitivos. Barcelona: Martínez Roca.

-Pressman, S. D. y Cohen, S. (2005). Does positive affect influence health? Psychological Bulletin, 131(6), 925-971.

-Selye, H. (1974). Stress Without Distress.

-Vindel, A. C. (2010). Ansiedad, estrés, emociones negativas y salud. Atrapados por el estrés.

-Imágenes recuperadas de https://pixabay.com/

AUTORA: Celia López Muñoz